viernes, 9 de mayo de 2014

Thich Nhat Hanh en Barcelona



El maestro zen Thich Nhat Hanh (Thay) llegó esta semana a Barcelona y ayer, frente a más de 3.000 personas, en un auditorio del Forum abarrotado, habló de lo que tanto nos cuesta, a veces, hablar. Habló del amor. De la compasión. Del sufrimiento. Y sus palabras fueron tan claras y sencillas que ninguno de los que estábamos allí pudo quedarse indiferente.

Cuando alguien que tiene una mirada tan limpia, habla de la belleza, comprendes que ésta existe. Cuando alguien con un alma tan pura, habla de la compasión, aspiras a que ésta invada también tu corazón.

De forma muy amorosa, Thay propone claves que abren puertas, que dan esperanza. Nos anima a no asustarnos por el sufrimiento, a investigarlo, a descubrir todo lo que tiene para ofrecernos. “Igual que la flor de loto no podría existir sin el barro en el que nace, la felicidad no sería posible sin el sufrimiento”, explica. Entrar en contacto con el propio dolor ayuda a comprender también el de los otros y de esa comprensión surge la compasión. Pero, para ello, es fundamental la plena conciencia (mindfulness).

Llevar la plena conciencia a cualquier acto es establecerse en el aquí y en el ahora. “Sólo entonces es posible el verdadero amor”, señala el maestro, “la plena conciencia es lo mejor que puedes ofrecer a las personas que amas. ¿Cómo puedes amar si no estás presente? Amar es estar ahí para el otro, eso es lo que yo entiendo por amor”.

Cuando alguien que tiene una mente tan lúcida, habla del amor, deseas sacar lo mejor de ti mismo para acercarte a ese ideal.

Y no tienes más que observar las miradas de los 70 monjes y monjas que le acompañan o escuchar sus voces cuando cantan unidas –ayer entonaron el mantra de Avalokiteshvara, el bodhisattva de la compasión- para saber que realmente existe un camino hacia el amor y que, afortunadamente, hay muchas personas transitando por él.

4 comentarios:

  1. Preciosa entrada, Elena. Seguro que fue muy emocionante y sencillo. Gracias por compartirlo.

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    1. Muchas gracias, Flavia. La verdad es que fue un acto precioso. Ya os contaré cuando nos veamos. Un abrazo grande.

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  2. Que privilegio poder escucharle en vivo. Me alegro mucho por ti.

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    1. Sí, es una bendición. Muchas gracias, Llulia. Un beso.

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