Y, por eso, hoy la buena noticia es una historia que me envió Mari Ángeles (mil gracias!!!) y que quiero compartir porque me ha parecido chulísima. El que la cuenta es un médico y el protagonista es un señor de 80 años. Ahí va:
Eran las 8:30 de una mañana agitada, cuando un señor mayor, de unos 80 años, llegó al hospital para que le sacaran los puntos del pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00. Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo vi mirando su reloj y decidí que, ya que no estaba ocupado con otro paciente, podía examinar su herida. Durante el examen, comprobé que estaba curado, entonces le pedí a uno de los doctores, algunos elementos para quitarle las suturas y curar su herida. Mientras le realizaba las curas, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado. El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa. Le pregunté sobre la salud de ella. El me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí, ya que padecía de Alzheimer. Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde. Me respondió que hacía tiempo que ella no sabía quién era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo. Me sorprendió, y entonces le pregunté: "¿Y usted sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quien es usted?" El sonrió y me dijo: "Ella no sabe quién soy pero yo aún se quien es ella". Yo me emocioné y sólo pude pensar: "Este es el tipo de amor que quiero en mi vida".
La historia me pareció preciosa, claro, y lo primero que pensé fue justo eso mismo, "este es el tipo de amor que quiero en mi vida". Pero, luego, seguí pensando... Sí, este es el tipo de amor que quiero recibir pero ¿es también el tipo de amor que estoy dispuesta a dar?








































































