jueves, 3 de septiembre de 2015

domingo, 30 de agosto de 2015

De regreso

(Imagen de google)


Después de unas semanas de vacaciones, vuelvo a retomar el blog con energías renovadas. Estaba pensando en cuál podría ser la primera entrada de la temporada y se me ocurrió que podría compartir alguna de mis “Sabidurías en el momento oportuno”.

Las “Sabidurías en el momento oportuno” son textos que, como por arte de magia, me llegan justo en el instante en que los necesito y que voy guardando en un documento para recordar siempre que, de una forma u otra, no estoy sola, que la vida me cuida, que aunque a veces la noche parezca muy oscura, en algún lugar brilla una estrella.

Así pues, hoy, para desearos un buen inicio de temporada, comparto un texto que encontré en la magnífica página de Facebook de MujerArbol (Alejandra Baldrich):


Eso que te irrita te esta enseñando sobre la "Paciencia".

Aquellos quienes te abandonan te están enseñando a "Valerte por ti mism@".
Eso que te enoja te esta enseñando sobre la "Compasión y el Perdón".

Todo aquello que tiene poder sobre ti, te esta enseñando el "Cómo recuperar tu Poder".

Todo eso que odias te esta enseñando sobre "el Amor Incondicional". 

Eso a lo que le temes te esta enseñando sobre "el Coraje y sobre cómo Superar tus miedos". 

Todo aquello que no puedes controlar te esta enseñando a "Aprender a soltar".

Por lo tanto deja ir todo aquello que creías que debía ser, y permítele a la vida que cumpla Su Tarea, que es la de abrirse camino hacia tu conciencia y expandirla.

(Alejandra Baldrich)


sábado, 15 de agosto de 2015

¿Que cuántos años tengo?


(Imagen de Alex Teuscher)


¿Que cuántos años tengo?

"Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!
Tengo la edad que quiero y siento. 
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. 
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.

Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo! No quiero pensar en ello.

Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.

Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, 
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, 
para hacer lo que quiero, 
para reconocer yerros viejos, 
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen porqué decir: Eres muy joven... no lo lograrás.

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, 
pero con el interés de seguir creciendo. 
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, 
y las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, 
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

¿Que cuántos años tengo? 
No necesito con un número marcar 
mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, 
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas...
Valen mucho más que eso.

¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Lo que importa es la edad que siento.

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. 
Para seguir sin temor por el sendero, 
pues llevo conmigo la experiencia adquirida 
y la fuerza de mis anhelos.

¿Que cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!

Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento."


(José Saramago)



lunes, 20 de julio de 2015

No te conformes



No te conformes

No te conformes con sobrevivir, vive.
No te conformes con arrastrarte, vuela.
No te conformes con oír, escucha.
No te conformes con comer, disfruta.
No te conformes con sonreír, ríe, ríe y no dejes de reír.
No te conformes con tener curiosidad, investiga.
No te conformes con leer, analiza.
No te conformes con tener sexo, ama.
No te conformes con estudiar, aprende.
No te conformes con creer, confía.
No te conformes con observar, mira con atención.
No te conformes con ver la televisión, viaja.
No te conformes con lo que te digan, cuestiona.
No te conformes con no saber, fórmate.
No te conformes con dar la mano, abraza.
No te conformes con dormir, sueña.
No te conformes con sentarte, camina.
No te conformes con lo que no te gusta, lucha.
No te conformes con comprender, perdona.
No te conformes con apagarte, brilla.
No te conformes, por favor… no te conformes.

Elena Almirall


jueves, 16 de julio de 2015

lunes, 13 de julio de 2015

De inundaciones y enseñanzas


(Imagen de Leszek Paradowski)


Hace unos días sucedió algo curioso: yo llegaba a casa a la una de la madrugada cuando oí un ruido de agua goteando. Pensé que, seguramente, alguien se había dejado un grifo abierto en el piso de arriba y empecé a subir la escalera. De pronto, me di cuenta de que el agua corría ya por los peldaños y aceleré mis pasos para cerrar el dichoso grifo. Pero no, no había ningún grifo abierto. El calentador del agua se había roto y el piso de arriba parecía las cataratas del Niagara. Voy a ahorraros todo el proceso de búsqueda de cubos, achicamiento de agua, desesperación, más achicamiento, vaciada de cubos… pero sí os diré que duró unas tres horas –y que yo estaba sola-.

En esas tres largas horas me estuve preguntando cuál era la lección que tenía que aprender de aquel jaleo. Y, bueno, finalmente, llegué a una conclusión…

Una de las cosas que pensé fue en lo destructiva que puede llegar a ser el agua. La inundación del otro día (que, por suerte, no fue tan grave como podía haber sido si yo hubiera llegado más tarde) arrasó con un mueble, varios armarios, dos alfombras, etc.  Recordé que, en el mundo simbólico, el agua está relacionada con la emoción. Y pensé que, lo mismo que el agua, la emoción desbordada provoca desolación. Un poco de agua quita la sed, demasiada agua inunda, invade, encharca.

Esto hizo que me acordara de la idea budista del Camino Medio, la vía de la moderación, la huida de los extremos. Para recorrerlo es necesario, entre otras cosas, la sabiduría. En este caso, para mí, la enseñanza vino en forma de inundación. Bienvenida, pues…