lunes, 14 de abril de 2014

Vivir plenamente


(Imagen de Svetlana Bekyarova)


A veces me paro. Y escucho y miro y siento. Y me doy cuenta de que es justamente a través de los sentidos como puedo conectar con el aquí y con el ahora. Pero es curioso porque son también -justamente- esos mismos sentidos los que nos apartan del aquí y del ahora. Porque tras la sensación viene el pensamiento y tras el pensamiento viene la emoción. Veo algo, pienso que me gusta, siento que lo deseo. Escucho algo, pienso que me disgusta, siento que lo rechazo.

Si pudiéramos solamente ver, oír, tocar, oler sin acompañarlo de pensamientos y emociones...

Hace unos años fui a una charla de Sogyal Rimpoché y me quedé sorprendida por una de las cosas que dijo. Por lo visto, desde que la mente “ve” un objeto hasta que lo “juzga”, pasa por 7 pasos. Los 6 primeros son de simple reconocimiento, el último es el juicio. Proponía, este maestro budista, intentar ralentizar ese proceso, para detener la mente antes del séptimo paso. Me pareció una buena práctica.


“La felicidad no llega cuando conseguimos lo que deseamos sino cuando sabemos disfrutar de lo que tenemos. No soñando con el mañana sino viviendo el hoy”, dice la protagonista de este video. “No hay mejor momento para la felicidad que este.”

Y me doy cuenta de que se trata de disfrutar. Sencillamente. Aquí y ahora. Lo que veo, lo que escucho, lo que siento. Vivirlo plenamente. Sin más.

"Baila como si nadie te estuviera viendo,
Ama como si nunca te hubieran herido,
Canta como si nadie te oyera,
Trabaja como si no necesitaras el dinero,
Vive como si hoy fuera tu último día."
(Alfred D'Souza)


viernes, 11 de abril de 2014

Defensa de la alegría


Defensa de la alegría, el poema de Benedetti que acompaña este blog,
 como una declaración de principios, desde el primer momento…




Defensa de la alegría – Mario Benedetti

                                                                  a trini

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegía como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar 
y también de la alegría.

lunes, 7 de abril de 2014

El leopardo de las nieves



Hay libros que cambian tu rumbo, quizás incluso tu destino. “El leopardo de las nieves” fue, para mí, hace muchos años, uno de esos libros. Y hoy, que he sabido la noticia de la muerte de su autor, Peter Matthiessen, quiero hacerle un pequeño homenaje. Para celebrar su vida. Y para agradecer que existen libros que nos voltean, que trastocan nuestro mundo, que responden a preguntas que ni siquiera sabíamos que nos estábamos haciendo y que nos muestran una realidad nueva, diferente.

Cuando leí “El leopardo de las nieves” estaba pasando por un proceso de duelo durísimo –como lo son todos, supongo-. Una amiga puso el libro en mis manos y ese gesto me abrió las puertas de un mundo. Mi vida nunca volvió a ser la misma pues comencé a recorrer un camino que no sólo calmó mi corazón sino también serenó mi alma. Comprendí, entonces, que los dioses nunca nos abandonan, que jamás estamos solos y que, si nos atrevemos a recibir los dones que se nos otorgan, nuestra vida puede ser absolutamente brillante y luminosa.

Así pues, “El leopardo de las nieves” es una buena noticia. Gracias infinitas a Peter Matthiessen. Aquí os dejo algunas citas de este gran libro:

“Pero cuando me tropecé con estas palabras de advertencia, ya padecía yo lo que ese mismo autor llamaba “la enfermedad de lo infinito”, pasando de un camino a otro sin comprender que había emprendido una búsqueda y casi sin pista alguna sobre qué era lo que deseaba encontrar. Sólo sabía que en el fondo de cada respiración quedaba un vacío que necesitaba llenar.”

“También estoy enamorado de los milagros corrientes: el murmullo de mis amigos al llegar la noche, los fuegos de enebro humeante en hornos de barro, los alimentos toscos e insípidos, las privaciones y la sencillez, la satisfacción de no hacer más que una cosa en cada momento: cuando cojo la taza azul de estaño, eso es todo lo que hago.”

“La montaña se encierra en su inmovilidad, mi cuerpo se disuelve en la luz del sol y caen por mis mejillas lágrimas que nada tienen que ver con el “yo”. Ignoro qué es lo que las hace brotar.”


“En el acto mismo de inhalar aire ahora reside el secreto que todos los maestros tratan de enseñarnos, aquello que un lama designa como “la precisión y disponibilidad e inteligencia del presente”. La finalidad de la práctica de la meditación no es la iluminación; es estar atento incluso en los momentos que nada tienen de extraordinario, es ser del presente, exclusivamente del presente, llevar esa conciencia del ahora a cada suceso de la vida ordinaria. Estar en cualquier otro sitio es “pintar ojos sobre el caos”. Cuando contemplo los corderos azules, debo contemplar corderos azules, y no pensar en sexo, en peligros o en el presente, porque este presente –incluso mientras pienso en él- ha desaparecido ya.”

*****

Por si queréis saber más sobre el autor, os dejo un enlace a la entrevista que le hizo, hace un tiempo, mi amigo Albert Padrol. Click aquí.


lunes, 31 de marzo de 2014

Menos cosas = más felicidad


Hace unos días recibí un mail de Natacha, de Uruguay, que me enviaba un vídeo muy interesante para compartir en el blog (mil gracias): la charla de Graham Hill en TED. En ella, este escritor y diseñador se pregunta si tener menos cosas en menos espacio no será una de las claves para la felicidad.

Me hizo recordar uno de los momentos más felices de mi vida. Estaba viajando por India y llevaba conmigo solamente una pequeña maleta con muy poca ropa, dos libros y un champú. Nunca me había sentido tan ligera. Hasta mi respiración parecía más liviana. Y eso hizo que me diera cuenta de lo poco que necesitaba realmente para ser feliz.

Vale la pena pensar en ello. Aquí os dejo el vídeo.