"Defender la alegría como un principio... defender la alegría como una bandera... defender la alegría como un destino... defender la alegría como una certeza... defender la alegría como un derecho" (Mario Benedetti)
jueves, 5 de enero de 2017
viernes, 30 de diciembre de 2016
Mis propósitos de año nuevo
(Imagen de Metin Demiralay)
Este año me propongo aceptar.
Aceptar lo que soy. Aceptar lo que siento. Aceptar mis
aciertos y mis errores. Este año me propongo dejar de intentar encajar en patrones
que no son los míos, que no los quiero, ni los siento, ni los necesito. Este
año me propongo dejar de ejercer violencia sobre mi cuerpo y sobre mi mente.
Este año me propongo reflexionar.
Reflexionar para descubrir por qué hago lo que hago; escuchar
mis intuiciones, mis lágrimas, mis risas, y saber qué es lo que realmente
quiero, qué me mueve, qué me emociona, qué me hace feliz. Este año me propongo
no desviarme de ese camino.
Este año me propongo agradecer.
Agradecer cada latido. Agradecer todo lo que traiga con él.
Cada aprendizaje, cada dolor, cada alegría, cada momento. Sin juzgar. Sin
pensar que las cosas deberían ser diferentes. Este año me propongo reconocer y
corresponder.
Este año me propongo, ante todo, amar.
Porque
el tiempo se agota,
porque
la gente se marcha,
porque
–al final- sólo eso cuenta.
¡Feliz Año Nuevo!
Elena
lunes, 26 de diciembre de 2016
Trenza tu tristeza
(Imagen de Candelaria Rivera)
“Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo
mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor
quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del
cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos
pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues
los obligaría a decir cosas que no eran ciertas, que no se meta entre tus
manos- me decía- porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y
es que a la tristeza le gusta el sabor amargo.
Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el
dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con
fuerza. Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las
raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.
Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña, aun si
tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes
meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales
que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía, siempre
trenza tu tristeza…
Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la
encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello. Trenza tu
tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…”
(Paola Klug )
jueves, 22 de diciembre de 2016
lunes, 19 de diciembre de 2016
La onda que proyectas
El otro día hablaba con una amiga sobre el efecto que
nuestras acciones tienen en nuestro entorno. Creo –y me parece que esto lo he
leído u oído en algún sitio- que nuestros actos siempre derivan en una onda,
que se va expandiendo y acaba llegando a lugares que ni sospechamos. Como dice la
wikipedia, una onda es “la propagación de una perturbación de alguna propiedad
del espacio” e implica “un transporte de energía sin transporte de materia”. Me
gusta la idea. Así, cuando yo actúo con
amor, expando dicha energía, y, en cambio, si mis acciones nacen del odio, la
energía que proyecto es la opuesta. Y lo sorprendente es que nunca sabré hasta dónde llega dicha
energía expansiva.
El mismo tema salió el pasado martes, en mi última clase del
año. Una vez más, hablábamos sobre la situación de los Derechos Humanos. Y, una
vez más, nos dimos cuenta de cuánto trabajo nos queda por hacer. A nosotros, sí.
A todos y cada uno de nosotros. Tras analizar lo poco que se cumple la
Declaración de 1948, volví a insistir a mis alumnos en que el trabajo es
nuestro. “¿Qué piensas hacer tú?”,
les preguntaba. Y, uno de ellos, me emocionó con su respuesta: “Es cierto, hay que empezar por uno mismo,
por lo que hace en su entorno, con su familia, sus amigos, con la gente que se
cruza por la calle pero también consigo mismo. Y, después, si se puede, ir más
allá. Como decía aquella canción de Michael Jackson,” I’m starting with the man
in the mirror” (empiezo con el hombre en el espejo)”.
Yo también lo creo. Hay que empezar a expandir el amor a partir del
hombre o la mujer del espejo. Y, después, ir ampliando el círculo. Como dicen
por ahí… el cielo es el límite.
jueves, 15 de diciembre de 2016
lunes, 12 de diciembre de 2016
El científico y el santo
“No busques descanso en
ningún placer, porque no fuiste creado para el placer: fuiste creado para la
DICHA. Y si no conoces la diferencia entre placer y dicha espiritual, todavía
no has empezado a vivir.”
(Thomas
Merton)
“Las palabras no pueden describir la felicidad del que ha limpiado sus impurezas mediante la contemplación y se ha unido con su Atman. Solo los que sienten esa felicidad saben lo que es.”
(Maitri Upanishad)
Plantea Avinash Chandra, en su libro “El científico y el santo. Los límites de la ciencia y el testimonio de los sabios” que “la pérdida de la religión tradicional y del
sentido de lo sagrado han sumido a Occidente —y, poco a poco, al resto del
mundo— en una crisis existencial sin precedentes.” Asegura que la ciencia
no puede presentar una visión del mundo completa, debido a sus muchas
limitaciones, y que es urgente que recuperemos “el sentido místico de la existencia”, apoyándonos en la filosofía
perenne –esas verdades comunes de todas las épocas y todas las culturas- que “proporciona una base sólida para la
superación personal”.
El significado de la vida no puede hallarse mediante el
estudio del mundo exterior, sino profundizando en la consciencia, en el mundo interior
del ser humano, en el mundo en el que se sumergieron los santos y sabios. Este
libro, que trae a sus páginas una cantidad impresionante de citas de
científicos, pensadores y santos de todas las tradiciones, es una llamada a la
dimensión interior, a la mística que representa el corazón...
Un libro completísimo, interesantísimo y necesario.
No os lo perdáis.
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