lunes, 1 de junio de 2015

Reflejar la luz



(Imagen de Joan Martín, de su magnífico blog “El món d’un lapidari”)


Hace unos meses me matriculé en la Escuela de Gemología y estoy aprendiendo a tallar piedras. Me está encantando el curso, no sólo por lo que aprendo (por la gran profesora y los magníficos compañeros que tengo) sino también por las reflexiones que dicha enseñanza me está aportando.

He aprendido que para que una piedra brille, para que refleje la luz, necesita pasar por un interesante proceso. El primer paso es el corte del mineral: se estudia la piedra para ver en qué dirección es mejor cortarla, buscando siempre las proporciones idóneas para aprovechar la luz y los efectos ópticos o para resaltar la belleza de la gema.
Un segundo paso es el desbastado, en el que se va –como dice la RAE- “quitando las partes más bastas” y dejando la piedra en las proporciones que, aproximadamente, se desean.
El siguiente paso es la talla, que puede ser de dos tipos: cabujón (con superficies curvas, usada habitualmente en piedras opacas, traslúcidas o para resaltar efectos ópticos especiales) o facetado (con facetas planas en la mayoría de los casos, generalmente utilizadas para piedras transparentes). El proceso de facetado es más complejo, pues se debe ir tallando con muchísimo cuidado, eligiendo los ángulos adecuados para que la luz pueda pasar y reflejarse perfectamente.
Por último, es necesario pulir la piedra ya facetada para que la superficie quede lisa y brillante.

Cortar, desbastar, facetar y pulir, buscando reflejar la luz… No sé, me ha recordado mucho al proceso que estoy intentando hacer conmigo misma…



La obtención de ángulos adecuados de facetas de culata tiene suma importancia para el aspecto final de la piedra. Las gemas talladas correctamente (en el centro) devuelven toda la luz que entra por la tabla.



4 comentarios:

  1. Sí, pero la piedra una vez tallada y conseguido el brillo ya está,en cambio las personas tenemos que "trabajarnos" continuamente para no dejar de brillar, aunque pensándolo bien las piedras también se ensucian...y necesitarán de alguien para recuperar el brillo, mientras que nosotros no dependemos de nadie para recuperar nuestra luz..
    Un abrazo

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    1. Bueno, creo que es un trabajo de por vida, como tú dices… Pero muy bonito e interesante ;-)
      Y estoy de acuerdo contigo, es individual y está en nuestras manos.
      Un abrazo, unkown!

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  2. Muy interesante Elena, te felicito.

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    1. Muchas gracias, Roman!!! Te envío un abrazo enorme a través de los mares!!!

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