lunes, 14 de septiembre de 2015

La mordedura de la serpiente



Hace unos días vi la película “Mi mejor maestro”, basada en un libro de Wayne Dyer, cuyo final me dejó pensando pues propone una idea que me pareció interesante. En un momento dado, Ryan Kilgore (el protagonista, que está basado en el propio Dyer) comenta que estuvo conviviendo con una tribu indígena (no recuerdo si especifica cuál) y que de ellos aprendió algo importante, en concreto una reflexión sobre la mordedura de la serpiente.

Cuando te muerde una serpiente –le dijeron- lo que te mata no es dicha mordedura sino el veneno que ésta introduce en tu cuerpo y que se va extendiendo por él hasta terminar con tu vida, a no ser que encuentres un antídoto o que, de alguna forma, consigas asimilarlo.
Kilgore hace, entonces, un paralelismo entre la mordedura de la serpiente y los conflictos entre los seres humanos. Así pues, el conflicto en sí no es tan importante, lo grave es el veneno –en forma de ira, odio, celos, y un largo etc.- que dejas que se vaya filtrando por todo tu cuerpo hasta llegar a tus huesos, a tu sangre, a tu corazón. La alternativa no es luchar contra ese veneno o intentar negarlo y esconderlo, sino encontrar su utilidad, descubrir qué te está enseñando, aprender cómo puede ayudarte a cambiar, a crecer, a mejorar.

Evidentemente, lo primero es –como siempre- dejar de mirar hacia fuera, de señalar con el dedo, y empezar a mirar hacia dentro. Reconocer sin miedo la emoción que nos invade, agradecerla y, después, empezar a trabajar con ella. No parece tan complicado, ¿verdad?


jueves, 10 de septiembre de 2015

lunes, 7 de septiembre de 2015

Somos la causa y la solución de nuestros problemas






Entrevista a Yogesh Sharda, experto en recursos humanos y desarrollo personal, por Ima Sanchís para La Contra de La Vanguardia.

Tengo 44 años. Nací en África, de padres indios, me crié en Londres y Oxford, y vivo en Turquía. Doy seminarios sobre el estrés a empresarios y políticos, y he asesorado a empresas de América, Asia y Europa. Creo en los valores espirituales, son comunes a todas las religiones.


¿Usted ha padecido estrés?
 Sí, y hasta cierto punto todavía lo padezco. Hay un tipo de estrés muy visible y otro de fondo, sutil.

¿Cómo saber tu nivel?
Preguntándome cuán feliz me siento. ¿Puedo manejar bien la alabanza y la crítica? Cuando fallo en algo: ¿cuán malhumorado me pongo?, ¿cuál es mi nivel de autocontrol? ¿Cuánta felicidad puedo dar a los demás?

¿Y cómo gestionar el estrés?
Hay un principio muy sencillo, pero que pocos practican, se trata de tener siempre presente que no puedes controlar las circunstancias ni a las personas. Lo único que puedes controlar es tu respuesta.

Entiendo.
Así que animo a las personas a que dejen de intentar controlar a los demás y empiecen a controlarse a sí mismas. Pero para tener autocontrol debes tener cierta fortaleza, que se alimenta con momentos de silencio.

El mundo está patas arriba, ¿es inmune a la injusticia, el hambre y el abuso?
A mi entender no tenemos un problema económico, político, ni medioambiental... Tenemos un problema humano, somos la causa y la solución de nuestros problemas.

¿En Oriente hay menos estrés mental que en Occidente o se trata de un tópico?
La gente allí piensa menos, lo que también tiene sus inconvenientes. En Occidente usamos mucho la mente y fácilmente convertimos un pequeño contratiempo en un problema. Lo ideal sería pensar lo suficiente

No siempre sabes cuándo es suficiente.
Eso es lo que hay que revisar, la relación con uno mismo. No puedes no pensar, pero sí mejorar la calidad de tus pensamientos.

A veces no sabes cómo salir de un atolladero, no sabes pensar.
Háblalo, obtén algún feedback de alguien con experiencia, y escribe lo que sientes para despejar tu mente. Yo lo uso mucho.

¿Usted es feliz?
La felicidad no es un destino, está dentro de cada uno, así que se trata de no bloquearla. Yo solía tener dudas sobre mí mismo, me comparaba, competía. Entonces trabajé la apreciación de mí mismo, el autorrespeto, y gradualmente esos hábitos de pensamiento inútil fueron disolviéndose.

¿Cuál es el secreto de la felicidad?
Respetar tu propio ser. Tener un sentido de propósito en tu vida, sentirte útil. Si dañas a los demás, su reacción acabará alcanzándote; la paz es la base de la felicidad.

¿Cómo afrontar la agresividad de otro?
Creo que nuestro estado de la mente atrae situaciones. Mantener la mente en un estado positivo transmite una energía que influye en lo que te rodea. Ante una tarea, llena tu mente de determinación y positividad, porque si tus pensamientos son débiles, también lo será el resultado. Pero los valores viajan despacio, es necesario ser paciente.

El amor es una de las causas de estrés.
Porque el amor emocional implica posesividad, control, exigencias, expectativas, celos, juegos de poder, dependencia, apego. Emociones que al principio no son visibles, sólo hay un gran “te quiero”, y tras él: “sólo si cumples mis deseos”.

... Y llega el desencuentro.
El amor es indisociable de la paciencia, la aceptación, el darse ánimos, elevar al otro. Pero para tener ese tipo de amor uno necesita ser espiritualmente fuerte. Si tengo una buena relación conmigo mismo, puedo tener una buena relación contigo.

¿Buena relación con uno mismo?
Me acepto, me hablo positivamente, me puedo mantener a mí mismo feliz. Es ese tipo de inteligencia emocional que todos deberíamos haber aprendido.

¿Hasta qué punto tienes que ser bueno y generoso con quien no te corresponde?
Creo que hay una distancia saludable entre dos personas. En el norte de Europa la gente suele establecer una distancia excesiva con el otro; en el Mediterráneo ocurre lo contrario, hay demasiada proximidad.

... O te pasas o no llegas.
Lo ideal es estar cerca, apoyando, pero no enganchado; así, si el otro se comporta de forma errónea, tú permaneces estable, y eso ayudará al otro a estabilizarse. Si estás enganchado y el otro enloquece, tú también enloquecerás y te será difícil ver el límite. Esa es la fórmula para la armonía en las relaciones humanas: ser amoroso y desapegado.

¿Alguna idea para conseguirlo?
Cada mañana, al levantarse, pase unos momentos en silencio consigo misma, eso le ayudará a que surjan la paz y el amor, y a estar emocionalmente estable. Debemos conquistar el autorrespeto, el autocontrol y la habilidad de manejar las propias emociones, sólo entonces entramos en la relación con los demás y disfrutamos de ella.

Uno puede mejorar, pero cambiar...
El desarrollo personal o el viaje espiritual es un viaje de retorno. No se trata de convertirte en algo diferente a lo que eres. La naturaleza básica humana es alegría, paz, amor y respeto. Eso es lo que he descubierto dando cursos por todo el mundo.

A veces es necesario rebelarse.
El punto medio entre la pasividad y la agresividad es la asertividad, es decir: el autorrespeto y el respeto a los demás.

¿Y si te faltan al respeto?
El respeto no se exige, si quiero cambiar el comportamiento de los demás hacia mí, he de mejorar mi autorrespeto. Y autorrespeto significa que no importa lo que digan, no voy a perder la paciencia ni mi felicidad.


jueves, 3 de septiembre de 2015

domingo, 30 de agosto de 2015

De regreso

(Imagen de google)


Después de unas semanas de vacaciones, vuelvo a retomar el blog con energías renovadas. Estaba pensando en cuál podría ser la primera entrada de la temporada y se me ocurrió que podría compartir alguna de mis “Sabidurías en el momento oportuno”.

Las “Sabidurías en el momento oportuno” son textos que, como por arte de magia, me llegan justo en el instante en que los necesito y que voy guardando en un documento para recordar siempre que, de una forma u otra, no estoy sola, que la vida me cuida, que aunque a veces la noche parezca muy oscura, en algún lugar brilla una estrella.

Así pues, hoy, para desearos un buen inicio de temporada, comparto un texto que encontré en la magnífica página de Facebook de MujerArbol (Alejandra Baldrich):


Eso que te irrita te esta enseñando sobre la "Paciencia".

Aquellos quienes te abandonan te están enseñando a "Valerte por ti mism@".
Eso que te enoja te esta enseñando sobre la "Compasión y el Perdón".

Todo aquello que tiene poder sobre ti, te esta enseñando el "Cómo recuperar tu Poder".

Todo eso que odias te esta enseñando sobre "el Amor Incondicional". 

Eso a lo que le temes te esta enseñando sobre "el Coraje y sobre cómo Superar tus miedos". 

Todo aquello que no puedes controlar te esta enseñando a "Aprender a soltar".

Por lo tanto deja ir todo aquello que creías que debía ser, y permítele a la vida que cumpla Su Tarea, que es la de abrirse camino hacia tu conciencia y expandirla.

(Alejandra Baldrich)


sábado, 15 de agosto de 2015

¿Que cuántos años tengo?


(Imagen de Alex Teuscher)


¿Que cuántos años tengo?

"Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!
Tengo la edad que quiero y siento. 
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. 
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.

Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo! No quiero pensar en ello.

Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.

Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, 
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, 
para hacer lo que quiero, 
para reconocer yerros viejos, 
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen porqué decir: Eres muy joven... no lo lograrás.

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, 
pero con el interés de seguir creciendo. 
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, 
y las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, 
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

¿Que cuántos años tengo? 
No necesito con un número marcar 
mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, 
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas...
Valen mucho más que eso.

¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Lo que importa es la edad que siento.

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. 
Para seguir sin temor por el sendero, 
pues llevo conmigo la experiencia adquirida 
y la fuerza de mis anhelos.

¿Que cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!

Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento."


(José Saramago)