(Imagen de La Mo)
“En la pared de una fonda de Madrid,
hay un cartel que dice: Prohibido el cante.
En la del aeropuerto de Río de Janeiro,
hay un cartel que dice: Prohibido jugar con
los carritos porta-valijas.
O sea; todavía hay gente que canta, todavía
hay gente que juega.”
Eduardo
Galeano
Mi sobrina me pregunta: ¿Por qué siempre cantas, tía Elena? Y
no sé qué responderle pero sí sé que no quiero dejar de cantar, que no quiero
dejar de jugar, que no quiero –que no puedo- dejar de soñar.
Porque sé que si dejo de cantar, de jugar y de soñar, dejaré
de creer. Si dejo de creer, dejaré de amar. Y, si dejo de amar, dejaré de
vivir.
He oído por ahí que hay quien vive “con los ojos cerrados”,
con la voz apagada, con el corazón amurallado. Para no ver, para no quedar
afónicos, para no sufrir.
Pero, si cierras tus ojos, ¿quién será testigo de la
belleza?; si apagas tu voz, ¿quién defenderá tu verdad?; si amurallas tu
corazón, ¿cómo voy a poder llegar a ti?





