lunes, 16 de febrero de 2015

Aquí y ahora


(Imagen de Adrian McDonald)


El pasado fin de semana asistí a un retiro de Jeff Foster. Hace tiempo que sigo a este maestro advaita, sus libros, su página de Facebook, etc. y, finalmente, he podido verle y escucharle en directo. La verdad es que me encantó.

Como todos los maestros de la no-dualidad, Foster habla de la importancia de vivir en el presente y dejar de agobiarnos por el pasado o de preocuparnos por el futuro. Insiste en estar en el aquí y en el ahora, la prioridad siempre es estar presente. Para ello, es importante reconocer lo que nos sucede y vivirlo momento a momento, tanto si es dolor como si se trata de alegría. Acogerlo todo con amor. “Se trata de sentir tu emoción y no echar las culpas a los otros por lo que te está sucediendo”.

Cuando se trata de alegría es quizás más sencillo pero, respirar y encontrarte cara a cara con una sensación incómoda no es fácil, nunca nos han enseñado a hacerlo sino más bien al revés, nos han dado soluciones o vías de escape. Por eso, la propuesta de Foster es valiente: no huir sino vivir lo que la vida nos pide que vivamos, reconocer lo que está pidiendo ser reconocido. “Todo está bien en el momento presente. No hay nada que arreglar, hay algo que sentir”.

Pero, entonces, se inmiscuye la mente que no nos deja descansar y empieza a juzgar, a rebobinar, a avanzar. Jeff propone que ralenticemos el ritmo, que volvamos a la respiración, que meditemos. Cuando juzgamos, rechazamos o nos resistimos a lo que nos está sucediendo solo conseguimos aumentar el sufrimiento. Se pregunta: “¿Qué es más cansado y doloroso: los sentimientos que tenemos o el hecho de rechazarlos?” La mente se avanza y nos convence de que estaremos mejor cuando hayamos conseguido esto o lo otro, cuando tengamos salud, cuando seamos así o asá y nos introduce en una película que nos aleja de lo que nos está sucediendo en el presente. Y, al final, todo lo que tenemos es justamente este presente.  “Life is what happens to you when you’re busy doing something else” (La vida es lo que te sucede mientras estás ocupado haciendo alguna otra cosa) decía John Lennon. Y así es. No quiero que se me pase la vida mientras estoy preocupada por lo que haré, seré o tendré mañana así que voy a sentarme, a respirar, a incluir, a aceptar, a agradecer y a amar todo lo que soy y todo lo que tengo. Aquí y ahora.

viernes, 13 de febrero de 2015

Deja de pensar y empieza a disfrutar


(Imagen de Hacer es hacerse)

Gloria me envió, hace un tiempo (¡¡muchas gracias!!), una preciosa historia que quiero compartir:

“Según Platón, en cierta ocasión, un ignoto ciudadano ateniense se vio sentado a la mesa de un banquete al que estaban invitados los grandes pensadores y poetas griegos para debatir el tema del Amor. El hombre, rodeado de tanta gente ilustre, se sentía incómodo, pensaba que él no merecía estar allí y sentía que todos le miraban con desconfianza. En su mutismo debatía sobre si quedarse o irse.
De repente, notó que el hombre que está sentado junto a él cambiaba su primera mirada adusta y crítica por una sonrisa amplia y reconfortante. El protagonista decidió confesarle al desconocido, cuya cara le resulta extrañamente familiar, que él no debería estar allí y que ni siquiera sabía cómo había llegado a rodearse de tanta gente valiosa. El otro escuchaba pacientemente y luego le dijo que si estaba allí era porque de alguna manera se lo merecía, aunque él mismo no lo supiera. A medida que avanzaba la cena, el desconocido se ocupaba de hacerle sentir más y más cómodo: le servía vino, le decía que le gusta haberle encontrado allí y hasta debatía con él las palabras de los sabios de Atenas. Cuando la reunión hubo finalizado, el hombre totalmente relajado y consciente de haber pasado una velada tan agradable como nutritiva, se dirigió al desconocido para despedirse de él. Justo en ese momento se dio cuenta de que el hombre que había estado sentado a su lado, que había cuidado de él durante la cena, que había alejado  de su mente la sensación  de ser un intruso, tenía su mismo rostro. El protagonista de la historia abandonó el lugar con una sonrisa al comprender que se había permitido sentirse valorado y reconocido por sí mismo y que, gracias a eso, había podido disfrutar de la noche.”

¿Cuántas veces nuestra neurosis o nuestro miedo se convierte en una sensación de no encajar, de no pertenecer o de estar de más? No permitas que tus pensamientos te convenzan de que no eres suficiente, de que no mereces lo mejor. Deja de pensar y empieza a disfrutar. 

lunes, 9 de febrero de 2015

Eres el cielo


El otro día leí una frase de la maestra budista Pema Chodron que me encantó: “You are the sky. Everything else is just the weather” (Tú eres el cielo. Todo lo demás es solo el clima). Y me encantó justamente por la forma tan clara que tiene de expresar algo que, a veces, nos cuesta mucho entender.

El cielo está siempre ahí. Inmutable, espléndido, eterno. Algunos días, aparece en él un sol radiante. En otras ocasiones, se llena de nubes blancas que se deslizan con rapidez, empujadas por el viento. Otras veces, amanece cubierto de nubarrones que, entre rayos y truenos, descargan una lluvia tenaz que nos parece interminable. Y, así, el clima va variando, mientras el cielo acoge generosamente todas y cada una de sus diferentes expresiones.

Tú –tu verdadero Ser- está siempre ahí. Inmutable, espléndido, eterno. Algunos días te sientes optimista y alegre. En otras ocasiones, te invade la nostalgia, el desaliento, el cansancio. Otras veces, amaneces triste o eres asaltado por la ira, la pereza, la amargura, y descargas con fuerza lágrimas o agravios. Y, así, tus emociones o sensaciones van variando, mientras que tu verdadero Ser permanece inmutable.

El cielo acoge generosamente –y sin apegos- todas y cada una de las diferentes expresiones del clima. Las ve llegar, permite que se expresen, y las deja marchar cuando han terminado aquello que vinieron a realizar. ¿Cómo acoges tú las emociones y sensaciones que te visitan?, ¿dejas que se manifiesten?, ¿te apegas a ellas?, ¿escuchas aquello que quieren contarte?

lunes, 2 de febrero de 2015

Los versos de oro


(Imagen: Fyodor Bronnikov - "Himno pitagórico al sol del amanecer")


A veces nos vamos muy lejos a buscar la sabiduría. A veces nos damos cuenta de que en nuestra propia tradición están también todas las claves. A veces, simplemente, descubrimos que la sabiduría es nuestro hogar. Hoy quiero compartir “Los versos de oro” de Pitágoras.


Los versos de oro

Honra, en primer lugar,
y venera a los dioses inmortales,
a cada uno de acuerdo a su rango.
Respeta luego el juramento,
y reverencia a los héroes ilustres,
y también a los genios subterráneos:
cumplirás así lo que las leyes mandan.
Honra luego a tus padres
y a tus parientes de sangre.
Y de los demás, hazte amigo
del que descuella en virtud.

Cede a las palabras gentiles
y no te opongas a los actos provechosos.
No guardes rencor
al amigo por una falta leve.

Estas cosas hazlas
en la medida de tus fuerzas,
pues lo posible se encuentra
junto a lo necesario.

Compenétrate en cumplir
estos preceptos,
pero atente a dominar
ante todo las necesidades
de tu estómago y de tu sueño,
después los arranques
de tus apetitos y de tu ira.

No cometas nunca
una acción vergonzosa,
Ni con nadie, ni a solas:
Por encima de todo,
respétate a ti mismo.

Seguidamente ejercítate
en practicar la justicia,
en palabras y en obras,
Aprende a no comportarte
sin razón jamás.

Y sabiendo que morir
es la ley fatal para todos,
que las riquezas,
unas veces te plazca ganarlas
y otras te plazca perderlas.

De los sufrimientos que caben
a los mortales por divino designio,
la parte que a ti corresponde,
sopórtala sin indignación;
pero es legítimo que le busques remedio
en la medida de tus fuerzas;
porque no son tantas las desgracias
que caen sobre los hombres buenos.

Muchas son las voces,
unas indignas, otras nobles,
que vienen a herir el oído:
Que no te turben ni tampoco
te vuelvas para no oírlas.
Cuando oigas una mentira,
sopórtalo con calma.

Pero lo que ahora voy a decirte
es preciso que lo cumplas siempre:
Que nadie, por sus dichos o por sus actos,
te conmueva para que hagas o digas
nada que no sea lo mejor para ti.

Reflexiona antes de obrar
para no cometer tonterías:
Obrar y hablar sin discernimiento
es de pobres gentes.
Tú en cambio siempre harás
lo que no pueda dañarte.

No entres en asuntos que ignoras,
mas aprende lo que es necesario:
tal es la norma de una vida agradable.

Tampoco descuides tu salud,
ten moderación en el comer o el beber,
y en la ejercitación del cuerpo.
Por moderación entiendo
lo que no te haga daño.
Acostúmbrate a una vida sana sin molicie,
y guárdate de lo que pueda atraer la envidia.

No seas disipado en tus gastos
como hacen los que ignoran
lo que es honradez,
pero no por ello
dejes de ser generoso:
nada hay mejor
que la mesura en todas las cosas.

Haz pues lo que no te dañe,
y reflexiona antes de actuar.
Y no dejes que el dulce sueño
se apodere de tus lánguidos ojos
sin antes haber repasado
lo que has hecho en el día:
"¿En qué he fallado? ¿Qué he hecho?
¿Qué deber he dejado de cumplir?"
Comienza del comienzo
y recórrelo todo,
y repróchate los errores
y alégrente los aciertos.

Esto es lo que hay que hacer.
Estas cosas que hay
que empeñarse en practicar,
Estas cosas hay que amar.
Por ellas ingresarás
en la divina senda de la perfección.
Por quien trasmitió a nuestro
entendimiento la Tetratkis
la fuente de la perenne naturaleza.

¡Adelante pues!
ponte al trabajo,
no sin antes rogar
a los dioses que lo conduzcan
a la perfección.
Si observares estas cosas
conocerás el orden
que reina entre los dioses inmortales
y los hombres mortales,
en qué se separan las cosas
y en qué se unen.

Y sabrás, como es justo
que la naturaleza es una
y la misma en todas partes,
para que no esperes
lo que no hay que esperar,
ni nada quede oculto a tus ojos.

Conocerás a los hombres,
víctimas de los males
que ellos mismos se imponen,
ciegos a los bienes
que les rodean,
que no oyen ni ven:
son pocos los que saben
librarse de la desgracia.
Tal es el destino
que estorba el espíritu
de los mortales,
como cuentas infantiles
ruedan de un lado a otro,
oprimidos por males innumerables:
porque sin advertirlo
los castiga la Discordia,
su natural y triste compañera,
a la que no hay que provocar,
sino cederle el paso
y huir de ella.

¡Oh padre Zeus!
¡De cuántos males
no librarías a los hombres
si tan sólo les hicieras
ver a qué demonio obedecen!

Pero para ti, ten confianza,
porque de una divina raza
están hechos los seres humanos,
y hay también la sagrada naturaleza
que les muestra
y les descubre todas las cosas.
De todo lo cual,
si tomas lo que te pertenece,
observarás mis mandamientos,
que serán tu remedio,
y librarán tu alma
de tales males.

Abstente en los alimentos como dijimos,
sea para las purificaciones,
sea para la liberación del alma,
juzga y reflexiona
de todas las cosas y de cada una,
alzando alto tu mente,
que es la mejor de tus guías.

Si descuidas tu cuerpo para volar
hasta los libres orbes del éter,
serás un dios inmortal, incorruptible,
ya no sujeto a la muerte.

(Pitágoras)