jueves, 20 de noviembre de 2014

La resignación es un suicidio cotidiano



Hoy quiero compartir otra interesante entrevista de Ima Sanchís en La Contra de La Vanguardia:


Luis Galindo, físico y psicólogo, líder del movimiento Reilusionarse
Tengo 56 años. Nací en Zaragoza y vivo en Madrid. Casado, tengo dos hijos. Soy formador y conferenciante en motivación y liderazgo. Los políticos deberían propiciar ambientes en los que las personas saquen lo mejor de sí mismas. Soy católico practicante.


La resignación es un suicidio cotidiano.

...o un signo de madurez.
Déjeme que le cuente una historia.

Adelante.
Cada mañana, Emilio, un barrendero de 48 años, hacía su recorrido con la escoba por el barrio madrileño de Las Tablas. Cuando pasaba frente a la valla del colegio a la hora del recreo cantaba acompañado de su escoba la canción de Bob Esponja.

¿Los niños le coreaban?
La respuesta era entusiasta, le esperaban. Un día alguien lo grabó y colgó su show en la red, y Emilio se hizo famoso y optó por volver a la discreción.

¿Ya era tarde?
Sí, en Twitter clamaban por su vuelta, reclamaban la necesidad de su actitud. "El barrendero ya no canta", se lamentaban. Y los niños seguían esperándole.

Debía de estar aterrorizado, el pobre Emilio.
Temía que el Ayuntamiento de Madrid le despidiera, pero no fue el caso. "Yo también echo de menos a los niños", confesó cuando RTVE le localizó. El hombre no canta muy bien, y la calidad de la grabación era bastante mala, pero llamó la atención por su ternura, inocencia y alegría. Y ahí sigue cantando con su escoba.

La alegría es muy contagiosa.
Y también el sinsentido. En esta sociedad casi hay que pedir perdón si estás contento con tu trabajo, si estás enamorado de tu pareja, si te gusta tu vida... Lo malo pesa demasiado.

...y eclipsa lo bueno.
Sí, como el millón y medio de personas que diariamente hacen voluntariado en este país, muchos de ellos con pocos recursos. A esa gente nadie le aplaude.

Que reciban nuestro aplauso.
Llevamos veinte años siendo líderes mundiales de trasplantes de órganos, y eso quiere decir que este país es generoso. Somos un pueblo extraordinario con gente extraordinaria.

Pues algo falla.
Yo vengo del mundo de los recursos humanos, y cuando me preguntan si una empresa tiene futuro, lo primero que hago es analizar el capital humano, y España tiene millones de personas competentes, lo que hace falta es que la gente que las dirige, tanto en el ámbito político como en el empresarial, sea un ejemplo. Hay que regenerar a los de arriba.

¿Cómo?
Hay que trabajar los valores, y empezar por uno mismo. El ser humano necesita sentir que lo que hace tiene sentido, yo en las grandes compañías no veo a nadie con brillo en los ojos, y voy a las monjitas de San Juan de la Cruz y lo veo. ¿Por qué, si son bajitas, feas y gorditas, y encima trabajan sin cobrar?

...
Hemos creado organizaciones muy productivas, pero sin alma. Hay que vivir con pasión.

Pasión todo el rato es un estándar un poco alto.
Cuando Nelson Mandela llevaba 13 años de condena y le quedaban 14 más -que cumplió-, escribió: "No podrás vivir con auténtica pasión si te conformas con llevar una vida que es menos de lo que eres capaz de vivir". Si puedes llevar una vida de pareja de 7, no te conformes con un 6; si puedes ser una hija de 6, no seas una hija de 5; si puedes ser una madre de 8, no lo seas de 7, si puedes ser un profesional...

Entiendo.
A menudo somos tacaños con nuestra vida. Damos mucho menos de lo que podemos dar, y estoy hablando de ternura, comprensión, amabilidad y amor. A muchos ejecutivos de primer nivel les pregunto: "¿Cuánto tiempo hace que no abrazas a tu madre?".

¿Y?
Demasiado tiempo, les da apuro.

Ya.
Hay que entrenarse. Luchar contra la resignación. Detesto esa frase: "Es que yo soy así"... ¡Ponte las pilas, cabrón!

Ssssssh.
El ocio también hay que cuidarlo. Hay una gran diferencia entre el ocio pasivo y el ocio activo. No tiene nada que ver poner ilusión: "¡El domingo madrugamos y nos vamos a caminar!" o "¡Vamos al mercado, compramos y preparamos un arroz buenísimo!", que hacer zapping delante de la tele o echar la tarde en un centro comercial.

Pensar cansa.
El 80 por ciento de la gente practica el ocio pasivo, consumen su fin de semana, es un ocio que te deja vacío.

La ilusión es un bien escaso.
Es un motor importantísimo: cuando hablas de futuro con ilusión, mañana o el año que viene, el cerebro produce endorfinas. Y otra cosa: ser amable es muy rentable.

Dicho así...
Cuando somos agradecidos, la huella perdura en la zona prefrontal izquierda del cerebro (donde guardamos los pensamientos positivos) seis meses después. Es un estudio de Robert Edmon, que lleva 40 años investigando el agradecimiento, y concluye que las más felices son las personas agradecidas.


Lo bueno
Reilusionarse es un movimiento que se resume en un libro (Reilusionarse, Alienta Editorial) y que tiene 70.000 seguidores en la red. Su impulsor, adalid del optimismo inteligente, da conferencias por medio mundo e imparte seminarios de motivación y liderazgo a empresas (comité de dirección del Grupo Santander, de La Caixa, Telefónica, Garrigues, Microsoft, Zurich, BMW, Volvo...). Habla tan deprisa que a veces no le entiendo. "¡Es usted un nervio!", le digo (hace tres años sufrió un infarto). "Digamos que soy intenso y, con o sin infarto, sigo dando el cien por cien, porque necesito sentirme orgulloso de lo que hago. Urge poner en valor todo lo bueno que tenemos".


(Entrevista por Ima Sanchís en La Contra de La Vanguardia)

lunes, 17 de noviembre de 2014

Los cuatro enemigos del hombre (y de la mujer) de conocimiento

(Leonora Carrington: "Syssigy")


“Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es indeterminado; su intención no es dirigida. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de las dificultades del aprendizaje.

Empieza a aprender así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más (…). Lo que se aprende no es nunca lo que él había imaginado. Y así se comienza a tener miedo. El aprendizaje no es nunca lo que uno espera. Su propósito está (…) en el otro lado del campo de batalla. Y así él tropieza con el primero de sus enemigos: ¡con el miedo! (…) Si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo pondrá fin a su búsqueda (…).
Si uno, aun lleno de miedo, no se detiene, llega el momento en el que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de sí (…). Una vez que el hombre ha conquistado el miedo, está libre de éste por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad, una claridad de mente que borra el miedo.

Para entonces, el hombre conoce sus deseos y sabe cómo satisfacerlos. Puede prever nuevos pasos en el aprendizaje, y una claridad nítida de mente lo ilumina todo. El hombre siente que nada está oculto. Y así se ha tropezado con su segundo enemigo: ¡la claridad!
Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega. Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Si el hombre cede ante este poder ilusorio, entonces ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender (…). Él podrá convertirse en un guerrero impetuoso o en un payaso (…), pero ya no aprenderá ni ansiará nada más.

(Si él vence este enemigo), sabrá entonces que el poder, tanto tiempo perseguido, es suyo por fin. Su deseo es la regla. Él ve claro todo alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡el poder! El hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, pierde la batalla. Su enemigo lo transforma en un hombre cruel, caprichoso.
El hombre, vencido por el poder, muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo una carga en su destino.
¡Tiene que vencerlo seguramente! Tiene que darse cuenta de que el poder, supuestamente conquistado por él, no es nunca suyo en realidad. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así vencerá a su tercer enemigo.

¡(El cuarto enemigo es) la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que el hombre no puede vencer por completo, sino que solamente puede hacer retroceder. Este es el tiempo en el que el hombre siente un deseo persistente de descansar. Si cede ante su deseo de acostarse y olvidarse, si se arrulla en la fatiga, perderá la última batalla y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento. Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el fin, puede entonces ser llamado el hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por eso momentito en que logra ahuyentar a su enemigo invencible. Ese momento de claridad, de poder y de conocimiento es suficiente.”


(Carlos Castaneda: “Las enseñanzas de Don Juan”)

jueves, 13 de noviembre de 2014

Himno a la Alegría



Porque cada nuevo día es (o debería ser)
un Himno a la Alegría…


Ode to Joy - Rock version by Ana Rucner

from Ana Rucner on Vimeo.

(Muchas gracias a Leonor)

lunes, 10 de noviembre de 2014

Casa de invitados


(Imagen de Aberrant Beauty)


“Esto de ser humanos es
como una casa de invitados.
Cada mañana una nueva llegada.

Una alegría, una depresión, una maldad,
un darse cuenta momentáneo aparece
como un inesperado visitante.

Dales la bienvenida y entretenlos a todos.
Aunque sean una multitud de penas,
que barren con violencia el piso de tu casa,
vacían tus muebles,
así y todo, trata a cada invitado
con honorabilidad.
Te puede estar limpiando
para alguna nueva delicia.

El pensamiento oscuro,
la vergüenza, la malicia,
encuéntralos en la puerta riendo,
e invítalos a entrar.

Se agradecido con el que venga,
porque cada uno ha sido enviado
como un guía del más allá.”

Rumi

lunes, 3 de noviembre de 2014

¿Buscar o encontrar?


(Imagen de Ipoenk Graphic)


Hace unos años alguien me pidió que me definiera a mí misma. No supe muy bien qué decirle hasta que, pensando sobre ello, llegué a una palabra: “Soy una buscadora”, le dije. Su respuesta me chocó: “Ten cuidado con cómo te defines. Si te etiquetas como buscadora, buscadora serás. Y, seguramente, eso implicará que nunca encontrarás, que siempre estarás buscando”. Estas palabras me quedaron grabadas y, de vez en cuando, regresan y vuelvo a pensar sobre ellas.

Hoy leí en el blog de Mariní un texto de Hermann Hesse que me hizo recordar esta conversación: “Cuando alguien busca, suele ocurrir que sus ojos solo ven aquello que anda buscando, y ya no logra encontrar nada ni se vuelve receptivo a nada porque sólo piensa en lo que busca, porque tiene un objetivo y se halla poseído por él. Buscar significa tener un objetivo, pero encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos”.

A menudo tenemos la creencia de que para encontrar es preciso buscar y con los años he llegado a la conclusión de que eso no es cierto. Cuando buscas, tienes muy claro lo que buscas. Y, por eso, buscar te limita, te encierra en una idea concreta. Buscar supone no dejar espacio para que la vida te sorprenda. Las personas, las cosas, los momentos vienen a tu encuentro y, en cambio, cuando los buscas acabas provocando el efecto contrario, se escapan –quizás porque ni siquiera existían tal como los imaginaste-.

Así pues, últimamente, he dejado de buscar. Ahora trato de fluir con la vida y de dejar espacio para que suceda lo que deba suceder, para que me encuentre lo que me deba encontrar y para cruzarme con quien me tenga que cruzar. Curiosamente, no solo se me han abierto miles de posibilidades sino que, además, mis pasos se han vuelto mucho mucho más ligeros.