lunes, 23 de junio de 2014

Arrancar el dominio al miedo


(Imagen de Endiansyah Mohammad)


“Me niego a someterme al miedo
que me despoja de la alegría de mi libertad,
que no me deja correr ningún riesgo,
que me torna pequeño y mezquino,
que me ata,
que no me deja ser directo y franco,
que me atormenta,
que ocupa negativamente mi imaginación,
que siempre pinta visiones sombrías.

Sin embargo, no quiero levantar trincheras por miedo al miedo.
Yo quiero vivir y no quiero encerrarme.
No quiero ser amigable por miedo de ser sincero.
Quiero pisar con firmeza porque estoy seguro
y no para cubrir mi miedo.

Y cuando me callo, quiero hacerlo por amor
y no por temor a las consecuencias de mis palabras.

No quiero creer en algo
sólo por el temor de no creer.
No quiero filosofar por el miedo a que algo pueda tocarme de cerca.
No quiero doblegarme solo porque tengo miedo de no ser amable.
No quiero imponer algo a los otros
por miedo a que puedan imponerme algo a mí.
Por miedo a cometer errores, no quiero tornarme inactivo.
No quiero huir hacia lo viejo, lo inaceptable
por temor a no sentirme seguro frente a lo nuevo.
No quiero dármelas de importante por miedo a ser ignorado.

Por convicción y amor,
quiero hacer lo que hago 
y dejar de hacer lo dejo de hacer.

Quiero arrancar el dominio al miedo 
y dárselo al amor.
Y quiero creer en el reino
que existe en mí.”

(Rudolf Steiner)

jueves, 19 de junio de 2014

Carta de Abraham Lincoln al profesor de su hijo




Querido profesor,

Mi hijo tiene que aprender que no todos los hombres son justos ni todos son veraces, pero dígale, por favor, que por cada villano hay un héroe, que por cada egoísta hay también un generoso.

También enséñele que por cada enemigo hay un amigo y que más vale una moneda ganada que una moneda encontrada. Quiero que aprenda a perder pero también a saber gozar de la victoria.

Apártelo de la envidia y dele a conocer la alegría profunda del contentamiento. Haga que aprecie la lectura de buenos libros sin que deje de entretenerse con los pájaros, las flores del campo y las maravillosas vistas de lagos y montañas.

Que aprenda a jugar sin violencia con sus amigos. Explíquele que vale más una derrota honrosa que una victoria vergonzosa. Enséñele a creer en sí mismo, aun cuando esté solo contra todos. Enséñele a tener fe en sus propias ideas, aun cuando alguien le diga que está equivocado.

Enséñele a ser amable con la gente amable y duro con los duros. enséñele a no dejarse llevar por la multitud simplemente porque otros también se dejaron; que sea amante de los valores.

Enséñele a escuchar a todos, pero, a la hora de la verdad, a decidir por sí mismo. Enséñele a reír cuando estuviese triste y explíquele que a veces los hombres también lloran.

Enséñele a ignorar el aullido de las multitudes que reclaman sangre y a luchar solo contra todos, si él cree que tiene razón.

Trátelo bien pero no lo mime, porque sólo la prueba de fuego hace el buen acero. Déjelo tener el coraje de ser impaciente y la paciencia de ser valeroso.

Transmítale una fe sublime en el Creador y fe también en sí mismo, pues sólo así podrá tener fe en los hombres.

Ya sé que le estoy pidiendo mucho pero haga todo aquello que pueda.


Abraham Lincoln, 1820

lunes, 16 de junio de 2014

Cambiar las preguntas


(Imagen encontrada en el magnífico pinterest 


Hace tiempo que estoy convencida de que cada persona que se cruza en mi camino tiene algo que enseñarme. A veces, el mensaje es evidente. Otras veces, me cuesta más comprenderlo.

La otra tarde fue Arantxa, una nueva amiga–pero que parece de toda la vida- que he conocido recientemente. Me dijo unas sabias palabras que se quedaron dando vueltas por mi cabeza y mi corazón: “Yo ahora ya no me pregunto por qué sino para qué”. Me pareció interesantísimo.
Cuando uno se pregunta “¿por qué?”, se sitúa en el papel de la víctima y el paso siguiente suele ser la queja. ¿Por qué me pasa a mí esto? Con estas palabras implicas, además, que algo es injusto, que no te lo mereces, y te conviertes en una marioneta en manos de un supuesto destino cruel. En cambio, si la pregunta es “¿para qué?”, la situación –sea la que sea- se convierte en un reto, en una aventura. Saber para qué te ha sucedido algo supone querer comprender lo que tienes que aprender de ello, lo que la vida te está diciendo. Supone tomar las riendas de tu camino y abandonar el papel de “pobrecito yo”.

Decía Byron Katie que “las cosas no te suceden a ti sino que suceden para ti”, e incorporar esta sencilla preposición –para- lo cambia todo. Dejas de ser una víctima para convertirte en un luchador, un buscador, un aventurero, para ser lo que tú decidas que quieres ser. Todo está, entonces, en tus manos.

Por lo tanto, ante cualquier situación que se presente, si te sientes incómodo, molesto, triste, la propuesta es intentar darte cuenta de lo que estás pensando sobre ella. Y una vez descubierto, sólo es cuestión de cambiar de pensamiento, de transformar las preguntas, de dejar de ser la víctima de tu destino para ser el héroe o la heroína de tu propia vida.


lunes, 9 de junio de 2014

Impermanencia

(Imagen de Google)

Llevo unos pensando en el concepto de impermanencia, porque justamente leí una frase de Thich Nhat Hanh que afirmaba que “la impermanencia es una buena noticia”.
Y, sin embargo, resulta que nos pasamos el día luchando contra ella, intentando evitarla y negarla. Nos asusta el cambio, queremos que las cosas sigan como están, incluso cuando no nos gustan. Nos aferramos a lo conocido aunque sea doloroso. Y olvidamos que en el intento de aferrar, de retener, de aprisionar nos hacemos esclavos de una idea falsa de la vida, y añadimos dolor al dolor.

Sobre este tema, el gran Anthony de Mello ponía el ejemplo de una sinfonía en la que “escuchas cada nota, te deleitas en ella y la dejas pasar, sin buscar la permanencia de ninguna de ellas, pues en su discurrir está la armonía, siempre renovada y siempre fresca”. Luego lo comparaba también con el amor y la amistad, diciendo que el apego mutuo y el control conducen a los conflictos y al sufrimiento puesto que “sólo es eterno lo que se basa en un amor libre”.

(Imagen de Google)


Lo mismo sucede con la vida. Es en el fluir del día a día donde se encuentra su misterio y su belleza. Es en el movimiento, en la mañana que se hace tarde y después noche, en la alegría que se convierte en tristeza para luego volver a ser alegría, es en el invierno que pasa a ser primavera, verano y otoño, es en el juego, en el baile. Es en el mismo transcurrir de la vida donde está su armonía y su perfección.

Hace unos días, mi amigo Salva me envió una interesante reflexión (mil gracias):

"Cuando cortas una flor para ti, comienzas a perderla.
Porque marchitará en tus manos y no se hará semilla para otras primaveras.
Cuando aprisionas un pájaro para ti, comienzas a perderlo.
Porque ya no cantará para ti en el bosque ni criará otros pichones en su nido.
Cuando guardas tu dinero comienzas a perderlo.
Porque el dinero no vale por sí, sino por lo que con él se puede hacer.
Cuando no arriesgas tu libertad para tenerla, comienzas a perderla.
Porque la libertad que tienes se confirma cuando decides y eliges.
Cuando no dejas partir a tu hijo hacia la vida, comienzas a perderlo.
Porque nunca lo verás volver a ti, libre y maduro.
Recuerda siempre: No existe precio para la Libertad.
Pero si, una bellísima recompensa para quien la utiliza con grandeza de alma
Aprende en el camino de la vida la paradójica lección de la experiencia:
Siempre ganas lo que dejas y pierdes lo que retienes..."


Así pues, la impermanencia es -sí- una buena noticia. Deja de luchar por retener, agradece lo que viene y deja que se vaya lo que tiene que irse. Abre las manos y permite que la vida te sorprenda. Si estás abierto… lo hará.