"Defender la alegría como un principio... defender la alegría como una bandera... defender la alegría como un destino... defender la alegría como una certeza... defender la alegría como un derecho" (Mario Benedetti)
miércoles, 25 de junio de 2014
lunes, 23 de junio de 2014
Arrancar el dominio al miedo
(Imagen de Endiansyah Mohammad)
“Me niego a someterme al miedo
que me despoja de la alegría de mi
libertad,
que no me deja correr ningún riesgo,
que me torna pequeño y mezquino,
que me ata,
que no me deja ser directo y franco,
que me atormenta,
que ocupa negativamente mi
imaginación,
que siempre pinta visiones sombrías.
Sin embargo, no quiero levantar
trincheras por miedo al miedo.
Yo quiero vivir y no quiero
encerrarme.
No quiero ser amigable por miedo de
ser sincero.
Quiero pisar con firmeza porque
estoy seguro
y no para cubrir mi miedo.
Y cuando me callo, quiero hacerlo
por amor
y no por temor a las consecuencias
de mis palabras.
No quiero creer en algo
sólo por el temor de no creer.
No quiero filosofar por el miedo a
que algo pueda tocarme de cerca.
No quiero doblegarme solo porque
tengo miedo de no ser amable.
No quiero imponer algo a los otros
por miedo a que puedan imponerme algo
a mí.
Por miedo a cometer errores, no
quiero tornarme inactivo.
No quiero huir hacia lo viejo, lo
inaceptable
por temor a no sentirme seguro
frente a lo nuevo.
No quiero dármelas de importante por miedo a ser ignorado.
Por convicción y amor,
quiero hacer lo que hago
y dejar de hacer lo dejo de hacer.
Quiero arrancar el dominio al miedo
y dárselo al amor.
Y quiero creer en el reino
que existe en mí.”
(Rudolf Steiner)
jueves, 19 de junio de 2014
Carta de Abraham Lincoln al profesor de su hijo
Querido profesor,
Mi hijo tiene que aprender que no todos los hombres son
justos ni todos son veraces, pero dígale, por favor, que por cada villano hay un héroe, que por cada
egoísta hay también un generoso.
También enséñele que por cada enemigo hay un amigo y que más
vale una moneda ganada que una moneda encontrada. Quiero que aprenda a perder
pero también a saber gozar de la victoria.
Apártelo de la envidia y dele a conocer la alegría profunda
del contentamiento. Haga que aprecie la lectura de buenos libros sin que deje
de entretenerse con los pájaros, las flores del campo y las maravillosas vistas
de lagos y montañas.
Que aprenda a jugar sin violencia con sus amigos. Explíquele
que vale más una derrota honrosa que una victoria vergonzosa. Enséñele a creer
en sí mismo, aun cuando esté solo contra todos. Enséñele a tener fe en sus propias ideas, aun
cuando alguien le diga que está equivocado.
Enséñele a ser amable con la gente amable y duro con los
duros. enséñele
a no dejarse llevar por la multitud simplemente porque otros también se dejaron;
que sea amante de los valores.
Enséñele a escuchar a todos, pero, a la hora de la verdad, a decidir
por sí mismo. Enséñele a reír cuando estuviese triste y explíquele que a veces los
hombres también lloran.
Enséñele a ignorar el aullido de las multitudes que reclaman sangre y a
luchar solo contra todos, si él cree que tiene razón.
Trátelo bien pero no lo mime, porque sólo la prueba de fuego hace el
buen acero. Déjelo tener el coraje de ser impaciente y la paciencia de ser
valeroso.
Transmítale una fe sublime en el Creador y fe también en sí mismo, pues
sólo así podrá tener fe en los hombres.
Ya sé que le estoy pidiendo mucho pero haga todo aquello que
pueda.
Abraham Lincoln, 1820
lunes, 16 de junio de 2014
Cambiar las preguntas
(Imagen encontrada en el magnífico pinterest
de Hacer es Hacerse)
Hace tiempo que estoy convencida de que cada persona que se
cruza en mi camino tiene algo que enseñarme. A veces, el mensaje es evidente.
Otras veces, me cuesta más comprenderlo.
La otra tarde fue Arantxa, una nueva amiga–pero que parece de
toda la vida- que he conocido recientemente. Me dijo unas sabias palabras que
se quedaron dando vueltas por mi cabeza y mi corazón: “Yo ahora ya no me pregunto
por qué sino para qué”. Me pareció interesantísimo.
Cuando uno se pregunta “¿por qué?”, se sitúa en el papel de
la víctima y el paso siguiente suele ser la queja. ¿Por qué me pasa a mí esto? Con
estas palabras implicas, además, que algo es injusto, que no te lo mereces, y
te conviertes en una marioneta en manos de un supuesto destino cruel. En
cambio, si la pregunta es “¿para qué?”, la situación –sea la que sea- se
convierte en un reto, en una aventura. Saber para qué te ha sucedido algo
supone querer comprender lo que tienes que aprender de ello, lo que la vida te
está diciendo. Supone tomar las riendas de tu camino y abandonar el papel de “pobrecito
yo”.
Decía Byron Katie que “las cosas no te suceden a ti sino que
suceden para ti”, e incorporar esta sencilla preposición –para- lo cambia todo.
Dejas de ser una víctima para convertirte en un luchador, un buscador, un
aventurero, para ser lo que tú decidas que quieres ser. Todo está, entonces, en
tus manos.
Por lo tanto, ante cualquier situación que se presente, si te
sientes incómodo, molesto, triste, la propuesta es intentar darte cuenta de lo
que estás pensando sobre ella. Y una vez descubierto, sólo es cuestión de
cambiar de pensamiento, de transformar las preguntas, de dejar de ser la
víctima de tu destino para ser el héroe o la heroína de tu propia vida.
jueves, 12 de junio de 2014
lunes, 9 de junio de 2014
Impermanencia
(Imagen de Google)
Llevo unos pensando en el concepto de impermanencia, porque
justamente leí una frase de Thich Nhat Hanh que afirmaba que “la impermanencia
es una buena noticia”.
Y, sin embargo, resulta que nos pasamos el día luchando contra ella,
intentando evitarla y negarla. Nos asusta el cambio, queremos que las cosas
sigan como están, incluso cuando no nos gustan. Nos aferramos a lo conocido
aunque sea doloroso. Y olvidamos que en el intento de aferrar, de retener, de
aprisionar nos hacemos esclavos de una idea falsa de la vida, y añadimos dolor
al dolor.
Sobre este tema, el gran Anthony de Mello ponía el ejemplo de
una sinfonía en la que “escuchas cada nota, te deleitas en ella y la dejas
pasar, sin buscar la permanencia de ninguna de ellas, pues en su discurrir está
la armonía, siempre renovada y siempre fresca”. Luego lo comparaba también con
el amor y la amistad, diciendo que el apego mutuo y el control conducen a los
conflictos y al sufrimiento puesto que “sólo es eterno lo que se basa en un
amor libre”.
(Imagen de Google)
Lo mismo sucede con la vida. Es en el fluir del día a día
donde se encuentra su misterio y su belleza. Es en el movimiento, en la mañana
que se hace tarde y después noche, en la alegría que se convierte en tristeza
para luego volver a ser alegría, es en el invierno que pasa a ser primavera,
verano y otoño, es en el juego, en el baile. Es en el mismo transcurrir de la vida donde
está su armonía y su perfección.
Hace unos días, mi amigo Salva me envió una interesante reflexión (mil gracias):
"Cuando
cortas una flor para ti, comienzas a perderla.
Porque
marchitará en tus manos y no se hará semilla para otras primaveras.
Cuando
aprisionas un pájaro para ti, comienzas a perderlo.
Porque
ya no cantará para ti en el bosque ni criará otros pichones en su nido.
Cuando
guardas tu dinero comienzas a perderlo.
Porque
el dinero no vale por sí, sino por lo que con él se puede hacer.
Cuando
no arriesgas tu libertad para tenerla, comienzas a perderla.
Porque
la libertad que tienes se confirma cuando decides y eliges.
Cuando
no dejas partir a tu hijo hacia la vida, comienzas a perderlo.
Porque
nunca lo verás volver a ti, libre y maduro.
Recuerda
siempre: No existe precio para la Libertad.
Pero
si, una bellísima recompensa para quien la utiliza con grandeza de alma
Aprende
en el camino de la vida la paradójica lección de la experiencia:
Siempre
ganas lo que dejas y pierdes lo que retienes..."
Así pues, la impermanencia es -sí- una buena noticia. Deja de
luchar por retener, agradece lo que viene y deja que se vaya lo que tiene que irse.
Abre las manos y permite que la vida te sorprenda. Si estás abierto… lo
hará.
viernes, 6 de junio de 2014
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