"Defender la alegría como un principio... defender la alegría como una bandera... defender la alegría como un destino... defender la alegría como una certeza... defender la alegría como un derecho" (Mario Benedetti)
viernes, 31 de agosto de 2012
jueves, 30 de agosto de 2012
lunes, 27 de agosto de 2012
¡¡¡Me declaro viva!!!
(Imagen de Mapi Rivera)
Y......... para empezar bien la nueva temporada,
quiero compartir un texto de Chamalú, un indio quechua,
que me ha encantado.
Ahí va:
Saboreo cada acto.
Antes cuidaba que los otros no hablaran mal de mí,
entonces me portaba como los otros querían
y mi conciencia me censuraba.
Menos mal que a pesar de mi esforzada
buena educación siempre había alguien difamándome.
¡Cuánto agradezco a esa gente que me enseñó
que la vida no es un escenario!
Desde entonces me atreví a ser como soy.
He viajado por todo el mundo, tengo amigos de todas las religiones;
conozco gente extraña:
católicos, religiosos pecando y asistiendo a misa
puntualmente,
pregonando lo que no son,
personas que devoran al prójimo con su lengua e intolerancia,
médicos que están peor que sus pacientes,
gente millonaria pero infeliz,
seres que se pasan el día quejándose,
que se reúnen con familia o amigos
los domingos para quejarse por turnos,
gente que ha hecho de la estupidez su manera de vivir.
El árbol anciano me enseñó
que todos somos lo mismo.
La montaña es mi punto de referencia:
ser invulnerable, que cada uno diga lo que quiera,
yo sigo caminando indetenible.
Soy guerrero:
mi espada es el amor,
mi escudo el humor,
mi hogar la coherencia,
mi texto la libertad.
Si mi felicidad resulta insoportable, discúlpenme,
no hice de la cordura mi opción.
Prefiero la imaginación a lo indio,
es decir inocencia incluida.
Quizás solamente teníamos que ser humanos.
El que tú no veas los átomos,
no significa que no existan.
Por eso es muy importante que sea el Amor
lo único que inspire tus actos.
Sin Amor nada tiene sentido, sin Amor estamos perdidos,
sin Amor corremos el riesgo de estar de nuevo
transitando de espaldas a la luz.
En realidad,
sólo hablo
para recordarte
la importancia
del silencio.
Anhelo que descubras el mensaje que se encuentra
detrás de las palabras; no soy un sabio,
sólo un enamorado de la vida.
El silencio es la clave,
la simplicidad es la puerta
que deja fuera a los imbéciles.
La gente feliz no es rentable,
con lucidez no hay necesidades innecesarias.
No es suficiente querer despertar, sino despertar.
La mejor forma de despertar es hacerlo
sin preocuparse porque nuestros actos
incomoden a quienes duermen al lado.
Recuerda que el deseo de hacerlo bien será una interferencia.
Es más importante amar lo que hacemos
y disfrutar de todo el trayecto.
La meta no existe, el camino y la meta son lo mismo.
No tenemos que correr hacia ninguna parte,
sólo saber dar cada paso plenamente.
No, no te resistas, ríndete a la vida.
Quien acepta lo que es
y se habilita para hacer lo que puede,
encarna las utopías
y lo imposible se pone a disposición.
La mejor manera de ser feliz es: ‘ser feliz’.
Reconstruye tu raíz y saborea la vida.
Somos como peces de mares profundos,
si salimos a la superficie reventamos.
La frivolidad y la intrascendencia
condenan la vida a la muerte.
Cuando somos más grandes que lo que hacemos,
nada puede desequilibrarnos.
Pero cuando permitimos que las cosas sean más grandes
que nosotros, nuestro desequilibrio está garantizado.
El corazón está en emergencia por falta de amor.
Hay que volver a conquistar la vida,
enamorarnos otra vez de ella.
Nuestro potencial interior aflora espontáneamente
cuando nos dejamos en paz.
Quizá sólo seamos agua fluyendo;
el camino nos lo tenemos que hacer nosotros.
Más no permitas que el cauce esclavice al río,
no sea que en vez de un camino tengas una cárcel.
La infelicidad no es un problema técnico,
es el resultado de haber tomado el camino
equivocado.
Amo mi locura que me vacuna contra la estupidez.
Amo el amor que me inmuniza ante la infelicidad
que pulula por doquier,
infectando almas
y atrofiando corazones.
El amor es, a nivel sutil,
la esencia de nuestra instancia inmunológica.
La gente está tan acostumbrada a complicarse,
que rechaza de antemano la simplicidad.
La gente está tan acostumbrada a ser infeliz,
que la sensación de felicidad
les resulta sospechosa.
La gente está tan reprimida, que la espontánea ternura
le incomoda y el amor le inspira desconfianza.
Hay cosas que son muy razonables, objetivas y… apestan.
Ya no podemos perder el tiempo
en seguir aprendiendo técnicas espirituales
cuando aún estamos vacíos de amor.
Quienes no están preparados para escuchar
tienen la recompensa de no enterarse de nada.
Disfruta de lo que tienes, recibe lo que venga,
crea e inventa lo que necesites, haz sólo lo que puedas,
y fundamentalmente celebra lo que tengas.
La vida es un canto a la belleza,
una convocatoria a la transparencia.
Cuando esto lo descubras desde la vivencia,
el viento volverá a ser tu amigo,
el árbol se tornará en maestro
y el amanecer en ritual.
La noche se vestirá de colores,
las estrellas hablarán el idioma del corazón
y el espíritu de la tierra reposará otra vez tranquilo.
¡Me declaro vivo!
lunes, 30 de julio de 2012
Unámonos
Voy a tomarme unas mini vacaciones pero no quiero despedirme
sin dejaros un vídeo que me ha enviado Alhy (mil gracias). Es el discurso
final de la genial película de Chaplin, El
gran dictador, y quiero compartirlo hoy aquí por que, además de parecerme
magnífico, es absolutamente actual.
¡¡Que paséis un buen verano!!
“Lo siento, pero no quiero ser emperador. Eso no me va. No quiero gobernar o conquistar a nadie.
Me gustaría ayudar a todo el mundo, si fuera posible: a judíos y a gentiles; a
negros y a blancos. Todos queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos
somos así. Queremos vivir para la felicidad y no para la miseria ajena. No
queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para
todos. Y la buena tierra es rica
y puede proveer a todos.
El camino de la vida puede ser libre y bello; pero hemos
perdido ese camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo
barricadas de odio, nos ha llevado a la miseria y a la matanza. Hemos aumentado
la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La
maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dejado en la indigencia. Nuestra
ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de
sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que maquinaria,
necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía.
Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá.
El avión y la radio nos han acercado entre nosotros. La
verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre, clama
por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora,
mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de
hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los
hombres y encarcela a personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, les
digo: “No desesperéis”.
La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de
la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso
humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que
arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y en tanto los hombres den la vida por
ella, la libertad no ha de perecer.
¡Soldados! ¡No os entreguéis a esos bestias, que os
desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas y os dicen qué
hacer, qué pensar o qué sentir! Que os obligan ha hacer la instrucción, que os
mal alimentan, que os tratan como a ganado y os utilizan como carne de cañón.
¡No os entreguéis a esos hombres desnaturalizados, a esos hombres-máquina con inteligencia
y corazones de máquina! ¡Vosotros no sois máquinas! ¡Sois hombres! ¡Con el amor
de la humanidad en vuestros corazones! ¡No odiéis! ¡Sólo aquellos que no son
amados odian, los que no son amados y los desnaturalizados!
¡Soldados! ¡No luchéis por la esclavitud! ¡Luchad por la libertad!
En el capítulo diecisiete de san Lucas está escrito que el
reino de Dios se halla dentro del hombre, ¡no de un hombre o de un grupo de
hombres, sino de todos los hombres! ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo, tenéis el
poder, el poder de crear máquinas. ¡El poder de crear felicidad! Vosotros, el
pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de
esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia,
empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un
mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la
juventud un futuro y a los ancianos seguridad.
Prometiendo todo esto, las bestias han subido al poder. Pero
mienten. No han cumplido esa promesa. ¡Ni la cumplirán! Los dictadores se dan
libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar
el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la
codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón,
un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos
nosotros. ¡Soldados, en nombre de la democracia, unámonos!”
sábado, 28 de julio de 2012
jueves, 26 de julio de 2012
miércoles, 25 de julio de 2012
domingo, 22 de julio de 2012
Soltar tus vacas
(Imagen de Simon Cecere)
Siempre he pensado que la vida es más sabia que yo. Que me
cuida. Y que, si estoy atenta, me envía mensajes que me ayudan a caminar.
Últimamente, llevaba varios días “atascada” con un tema al que no podía dejar
de dar vueltas. Pero, cuantas más vueltas daba, menos claridad tenía. Me
empeñaba en comprender sin llegar a conseguirlo y me enfadaba conmigo misma por
sentirme tan bloqueada. Hasta que me detuve. Dejé de luchar. Acepté. Y escuché.
Entonces, cayó en mis manos el siguiente texto:
“Un buen día, el Buda estaba sentado en el bosque con algunos
monjes. Acababan de comer y, cuando estaban a punto de empezar una charla sobre
el Dharma, se les acercó un pastor preguntándoles: “¿Habéis visto, venerables
monjes, pasar por aquí a mis vacas? Tengo doce vacas y todas ellas se han
escapado. Este año, una plaga de insectos ha devorado el par de hectáreas de
sésamo que tengo plantadas. No puedo seguir viviendo así. Creo que voy a
suicidarme”. Sintiendo una gran compasión hacia ese hombre, el Buda dijo
entonces: “Lo siento, amigo mío, pero no hemos visto pasar por aquí a tus
vacas”.
Y, cuando el pastor se alejaba, añadió, dirigiéndose a sus
monjes: “¿Sabéis, monjes, por qué sois felices? Porque no tenéis vacas que
perder”. Quisiera deciros, amigos míos, que, si tuvieseis vacas, os
identificaríais con ellas. Creéis que las vacas son esenciales para vuestra
felicidad, pero, apenas practicáis profundamente, os dais cuenta de que son
esas mismas vacas las que os hacen infelices. El secreto de la felicidad
consiste en aprender a soltar vuestras vacas.”
(Thich
Nhat Hanh: Estás aquí. La magia del
momento presente, Editorial Kairós)
Las vacas, en mi caso –y en este momento concreto-, eran una
idea precisa sobre la felicidad. Y ni siquiera sobre la felicidad presente
sino, encima, sobre la felicidad futura. Tras dejar de luchar contra lo que me
estaba pasando, aceptarlo y leer este texto, comprendí que podía abrir mis
manos y soltar mis vacas. Entonces, el futuro y la felicidad futura desaparecieron.
Y, entonces, el presente y la felicidad presente aparecieron. Ni os imagináis
como empezó –entonces- a brillar el sol.
¿Cuáles
son tus vacas?, ¿te atreves a soltarlas?
jueves, 19 de julio de 2012
Yoga y meditación en Times Square
El pasado 21 de junio, miles de personas colocaron su esterilla
en Times Square (Nueva York) para recibir el verano meditando y practicando
yoga. El evento, “Mind Over Madness”, convirtió Times Square en una gran sala
de yoga al aire libre con el objetivo de celebrar el solsticio y de retar a los
participantes a encontrar tranquilidad y trascendencia en uno de los lugares
más frenéticos del mundo. El calor de hasta 32 °C que se dejó sentir sobre la
Gran Manzana no impidió que los practicantes de esta milenaria disciplina oriental
se cargaran de energía en el día más largo del año.
Paso a paso, vamos avanzando hacia un cambio de conciencia. Gran
noticia…
miércoles, 18 de julio de 2012
lunes, 16 de julio de 2012
Ser transparente
(Imagen de Metin Demiralay)
El otro día, Pili me envió un power point (mil gracias) que
me encantó por que reflexionaba sobre un tema que me ronda desde hace varios
días: la capacidad de “ser transparente”.
Entre otras cosas, el texto decía: “A veces me pregunto por
qué es tan difícil ser transparente. Acostumbramos
a creer que “ser transparente” es simplemente ser sincero, no engañar a los
otros. Pero ser transparente es mucho más que eso. Ser transparente es tener el
coraje de exponerse, de ser frágil, de llorar, de hablar de lo que uno siente.
Ser transparente es desnudar el alma, es dejar caer las máscaras, bajar las
armas, destruir los inmensos y gruesos muros que nos empeñamos en levantar. Ser
transparente es permitir que toda nuestra dulzura aflore. Pero, por desgracia, casi
siempre, la mayoría de nosotros decide
no correr ese riesgo por que preferimos la dureza de la razón a la belleza que
representa toda la fragilidad humana. Preferimos el nudo en la garganta a las
lágrimas que brotan de lo más profundo de nuestro ser. Preferimos perdernos en
una búsqueda insana con respuestas inmediatas a simplemente admitir que no
sabemos, que tenemos miedo”.
He dado muchos
“tumbos” en la vida. He conocido a gente de todo tipo. Y las personas que más
me han gustado son justamente esas: las que son transparentes. Las que no
tienen miedo de exponerse, de mostrar sus flaquezas. Las personas que no
construyen muros sino puentes, que lloran cuando han de llorar, que ríen cuando
quieren reír. Que no dramatizan sino que actúan. Que no se refugian tras
juicios y críticas sino que miran cara a cara su dolor. Las personas que dan
trascendencia sólo a lo que es verdaderamente trascendente. Las que “se pasan a
limpio” lo que les sucede, aprenden y cambian lo que deben cambiar. Las personas
que no “echan balones fuera” sino que conectan con sus emociones y se
responsabilizan de ellas. Las personas dulces. Las que se comprometen, las que
luchan, las que fluyen, las que se atreven a soñar y las que no tienen miedo de
amar.
Como siempre –y, por
suerte- ser transparente es una opción, ¿qué eliges?
lunes, 9 de julio de 2012
Disfrutar hoy
(Imagen de Matthew Cooper, a través de Aberrant Beauty)
La otra tarde, hablando con una amiga, me preguntaba
qué haría si se reproducía una situación concreta que me había sucedido en el
pasado. Yo lo tenía clarísimo: haría esto, lo otro y lo de más allá (con esa
seguridad con la que se habla cuando uno no sabe nada de nada…).
Sin embargo, unos días después, tuve otra charla que me hizo
volver a pensar sobre el tema. Y pude darme cuenta de que prever lo que haré o
dejaré de hacer, lo que diré o dejaré de decir y lo que sentiré o dejaré de
sentir en una situación futura es una absoluta tontería ya que, llegado el
momento, yo no seré la misma que soy ahora y es más que posible que no sienta
lo que siento ahora. Por lo tanto, no puedo saber hoy cómo me afectará una
situación de mañana.
Nos olvidamos de que somos seres en constante cambio y
evolución. Nos olvidamos de que podemos aprender, progresar, crecer. No
recordamos que debemos disfrutar el presente y dejar de planear o pensar en el
futuro. Y creemos que, si lo prevemos todo meticulosamente, estaremos a salvo
del dolor, de los contratiempos, de la confusión. Por suerte –y esto es
realmente una buena noticia- la vida es imprevisible y, en cualquier esquina,
nos aguarda algo que puede cambiar nuestro rumbo, hacernos comprender y
evolucionar, algo que puede transformarnos. A través de la alegría o a través
de la tristeza.
Por eso, pase lo que pase mañana, ¿por qué no disfrutar
plenamente hoy?
lunes, 2 de julio de 2012
El duende burbujero
(La imagen es de Travelocity)
La otra tarde, mi sobrino Joan estaba bebiendo un acuarius.
Cuando en la lata no quedaba prácticamente ni una gota, empezó a arrearle
mamporros para intentar conseguir un poquito más de bebida. Yo me estaba
tronchando y, de pronto, le dije: “Joan, ten cuidado que si sigues dando golpes
vas a hacer que se caiga el duende burbujero”. Mis sobrinos están bastante
acostumbrados a mis “idas de olla” pero, aún así, Joan me preguntó: “Tía Elena,
¿qué es el duende burbujero?”, y yo le respondí que era un duende que vivía en
todas las latas de bebidas con burbujas y que su trabajo era mover los pies
desde el fondo de la lata para hacer las burbujas “pues, ¿cómo crees que se
hacen si no?”.
Este fin de semana he hecho un intensivo de sobrinos y,
claro, ha vuelto a salir el tema del duende burbujero. Joan se ríe y me dice
“tía Elena, esto es mentira”, y yo me río también pero no lo desmiento. Esta
vez, al juego se apuntó Inés y empezamos, entre los tres, a imaginar dónde
vivía el duende burbujero (evidentemente, en una seta que está al lado de un
árbol y por la que se accede a los múltiples pisos que hay dentro del tronco),
cuántos hermanos tiene (el duende cervecero que hace la espuma de la cerveza, el duende naranjero que hace el
zumo de naranja, la duenda chuchera que lleva un gorro del que cuelgan
muchísimas chuches, el duende vinero que le da el color al vino), cómo son sus vidas, a qué juegan…
Los niños viven en esa frontera en la que todo es posible, en
la que el hilo que separa lo real de lo irreal se cruza muy fácilmente. Y a mí
me encanta visitar ese país donde la palabra imposible no existe. Jugando con
mis sobrinos a inventar imposibles-posibles, nos reímos muchísimo y hay muchos
momentos en los que, de pronto, me paro porque siento que mi corazón late muy
muy fuerte. Entonces, lo sé… soy feliz.
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