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lunes, 22 de octubre de 2012

Sanidad y Educación


(Imagen de Pawla Kuczynskiego)


(Gracias a Jorge, Celine, Luis y Judit)


Hay algo que no entiendo. Bueno, en realidad hay muchas cosas que no entiendo pero hay algunas que me preocupan más que otras. Y una de esas cosas que me preocupa –y mucho- son los recortes que el gobierno está haciendo en sanidad, en cultura, en educación. Siempre he pensado que la base de un “país” fuerte es una buena sanidad, educación y cultura; unos ciudadanos libres y capaces de pensar y de elegir por sí mismos. Pero parece ser que eso no interesa. No lo entiendo. Llamadme “naïf” pero, de verdad, no lo entiendo. Sí, ya sé que los intereses de unos pocos pesan más que los de todos, ya sé que los mercados dominan la política, ya sé que no quieren que la gente piense sino sólo que consuma. Lo que no sé es cómo hemos llegado hasta aquí. Lo que no entiendo es en qué punto nos despistamos de las cosas que realmente importan.

Pero… lo que sí tengo claro es que, de una forma u otra, todos somos cómplices de lo que sucede (aunque sólo sea por todas las veces que miramos hacia otro lado). Y que podemos –debemos- parar y preguntarnos cuál es nuestra parte de responsabilidad en todo ello, de qué forma podemos ayudar a que las cosas cambien.

La buena noticia es que existen opciones. Sólo necesitamos conocerlas. E implicarnos…

En el ámbito de la Sanidad, el otro día leí en el facebook de Jorge que existe una plataforma llamada “YO SI sanidad universal”, a través de la cual una serie de usuarios y trabajadores del Sistema Nacional de Salud están organizando una campaña de desobediencia civil frente a la reciente reforma sanitaria que supone la exclusión de cientos de miles de personas del derecho a recibir atención sanitaria y el repago de medicamentos y de ciertas prestaciones sanitarias. Su objetivo es que se vuelva a garantizar el acceso a la sanidad a toda la población sin excepciones. Para informarte y/o participar, haz click aquí.

En el ámbito de la Educación, existen hoy en día alternativas muy interesantes, cuyo objetivo no es que el niño consiga un currículum importante sino que pueda desarrollar sus capacidades individuales, respetándose a sí mismo y a sus compañeros y aprendiendo a su ritmo, sin más expectativa que su propia felicidad. Una de ellas es el método Montessori, que podéis conocer a través del magnífico blog de Celine y Luis: Montessori hoy. Otra alternativa destacada es el método Waldorf, diseñado por el filósofo Rudolf Steiner (más información aquí).
Sobre este tema, Judit me envió hace unos días una película que me ha impactado. Se titula “La Educación Prohibida” y, además de ser sumamente interesante y esperanzadora, nos recuerda que el amor es lo único que necesita el ser humano.

A raíz de ello, me surgió una pregunta: ¿cuántos profesores aman a sus alumnos?, ¿cuántos médicos a sus pacientes?, ¿cuántos políticos a los ciudadanos que les han elegido? Podría seguir con mis preguntas pero creo que vuelvo a estar apuntando hacia fuera y, quizás, la única pregunta realmente útil es: ¿cuánto me implico en lo que sucede?, ¿cuánto amor doy yo a los que me rodean?

“El secreto es la mirada de cada ser humano sobre los otros” dicen en esta película. No dejéis de verla.

6 comentarios:

  1. No sé cómo este texto no tiene comentarios. Quizás por obvio. O quizás porque los profesionales de la sanidad y la educación que lo han leído se han sentido un poco culpables. Hemos de querer a nuestros alumnos y hemos de verlos como personas únicas y hemos de implicarnos en su educación integral. Lo mismo digo de los pacientes: hay que quererlos y comprenderlos y tratarlos con amor y cariño. Pero eso sólo se consigue desde la cercanía y el trato diario. Se necesita tiempo para que ellos te conozcan y tú les conozcas a ellos. Pero es posible. Y muy recomendable.

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    1. Gracias, anónimo, estoy totalmente de acuerdo contigo. Es muy recomendable tanto para alumnos y pacientes como para el profesores/médicos. Cuando nos tratamos unos a otros como seres humanos, con amor y cariño, las relaciones cambian y se crean lazos verdaderamente mágicos.
      Un abrazo.

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  2. Yo alumno de ESO, y cada vez me doy mas cuenta de que la enseñanza es muy rígida, por decirlo de algún modo, las explicaciones de los profesores son a veces muy bagas o demasiado especificas, provocando desinterés, y luego, en el aula, el hecho de preguntar algo esta como "Mal visto", porque hasta el profesor te llega a mirar como si fueras un retardado mental, no quiero referirme de mal modo a la gente que por desgracia tiene problemas mentales, me refiero a que te miren como a un "incapacitado" mental, que a veces llega a rechazo de todos, alumnos y profesores, yo necesito apoyo intensivo en ingles, en cambio podría dar clases de tecnología, y la gente me mira mal y me dice "Solo estudias lo que te gusta" y realmente tecnología JAMAS estudio, no lo necesito, comprendo bien la materia y su contenido, en cambio en ingles me tiro todos los días estudiando y me cuesta muchísimo aprender, y me hacen sentir mal por ello. Quisiera decir que a la gente no se la debe enseñar siguiendo una regla estricta, hay que enseñar de tal modo que la gente comprenda con facilidad y aprenda, no somos maquinas.

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    1. Álvaro, yo pienso que cada persona está capacitada para unas cosas más que para otras y eso no es motivo ni para avergonzarse ni para tratar a nadie de ninguna manera. Hay una frase de Einstein que me gusta mucho: “Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su capacidad de escalar árboles, vivirá toda su vida creyendo que es inútil.”
      Yo doy clases y me gusta que mis alumnos pregunten. De hecho, creo que hacerse preguntas es de sabios y hacerlas en voz alta es de valientes. Por eso, no te preocupes (o intenta no hacerlo...) de lo que dicen de ti los otros, no importa. Si no sabes algo, si tienes dudas, pregunta y que no te importe lo que los otros piensen.
      Mucha suerte en tus estudios Álvaro. Y gracias por la visita y el comentario.

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  3. A medida que más te leo, más te admiro. Eres valiente y creo que sabes dar con el núcleo duro de cada problema, del cual nadie se atreve a hablar. Gracias de corazón.

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